El Gran Poder de La Paz
La Fiesta del Gran Poder no es un evento que sucede en La Paz: es más bien una forma en que la ciudad se revela. El rito y el oficio, la promesa y su economía, la música y su estructura. Una coreografía enorme sostenida por meses de trabajo, por vínculos, por potente orgullo, por pertenencia. La ciudad expone su ritmo, su pulso inmemorial: las calles en subida y bajada, la geografía que obliga a escuchar al propio cuerpo y al aire. El tránsito, que desde afuera resulta caótico, para quien lo entiende es un idioma armónico de frenadas, aceleradas y bocinazos cordiales; y los teleféricos cruzan por encima como una nueva capa de geografía que se superpone a ya no sé cuántas.
Esta serie de fotos es de 2025. Llegué al Gran Poder por haber trabado amistad con miembros de la Fraternidad Morenada Unión Comercial. Estuve en los días previos y después acompañé el desfile en las calles. El registro no fue tanto una cobertura como una forma de intentar meter el cuerpo: embeberme en la lógica de la fraternidad, en su código de lealtades, en el sistema de promesas entre pares, en la manera en que se sostiene el orgullo. Ver si, desde ahí adentro, se entiende aunque sea un cacho qué es lo que está pasando en esta manifestación tan potente de la identidad andina.
En el medio de esa misma ciudad en fiesta, ocurrió otra escena que no pertenece al Gran Poder, pero lo atraviesa: la bajada de productores campesinos Ponchos Rojos, en el marco de un conflicto con el gobierno de Arce. Otra vez las capas que se superponen sin pedir permiso. En pocas cuadras puede convivir la celebración con la protesta, el bordado y la consigna, el bronce de las bandas con el rumor de una columna que avanza. No era un contraste dramático, sino que pareciera que la ciudad no se ordena en compartimentos, sino que su intensidad está en esa mezcla.
Por eso, más que documentar una festividad, estas imágenes intentan seguirle el pulso a un lugar. La Paz como capital andina en el sentido más concreto: altura, pendiente, ritmo, y una manera de amucharse, en la fiesta o en el conflicto, que siempre vuelve a la calle.