Carnaval de Huichaira
Vuelvo al carnaval. No por nostalgia sino por necesidad.. o por las dos cosas en realidad. Hay algo ahí que, cada año, reacomoda cosas. En Huichaira encontré una forma de carnaval que me resulta cercana a lo que imagino como lo más antiguo del rito: intenso, comunitario, con alegría y con densidad, sin que todo se reduzca al chupi; pero con mucho chupi, cómo que no.
Está la lectura conocida del carnaval -fiesta de la cosecha, abundancia compartida como agradecimiento a la tierra-, pero además, para muchos de nosotros, ha funcionado como rito de iniciación. Durante unos días lo cotidiano se tuerce, se habilita otra emocionalidad, se desarman pudores, se vuelve más poroso lo que uno cree que es impermeable. También aparecen los que ya partieron, porque el lugar se repite, se repiten las ofrendas, las coplas, el tiempo.. la circularidad se impone como forma de estar.
La Comparsa Flor de Cardón es chiquita, pero sostiene tradiciones que creo ayudan a acercarse al origen del carnaval. La señalada de animales en el corral, el casamiento entre animalitos, la ronda de coplas, el almuerzo exquisito con lo que da la chacra y la hacienda.
El mojón, con esa carga densa de piedra acumulada, no simboliza: junta. Cada capa de talco, de piedra, de alcohol, de papel picado, marca que pasó otro año; y que las vueltas que damos alrededor se parecen, pero no son las mismas.
Salud al Diablo, y a todos los grandes personajes que conocí en y a través del carnaval.